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  2. Breve Historia de Mazatlán. Parte 2
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Ataque Frontal a la Peste Negra. Parte II

La lucha contra la epidemia se torno extenuante, las brigadas sanitarias no tenían descanso día y noche a las bombas desinfectantes se les veía pasar por todos los rumbos de la ciudad y las autoridades en un esfuerzo para aliviar y detener a este brote epidémico decidió tomar dos urgentes medidas; una consistía en vacunar a la población con la solución de Haffkine y la segunda en regalarles el suero hiperinmune de Yersin, pero desafortunadamente, no obstante las buenas intenciones, la desesperada población empezó a correr el rumor de que la vacuna lo único que hacia era acelerar el contagio y las medicinas solo eran venenos disfrazados, entregados por el Comité de Salubridad para que los contagiados murieran con mayor rapidez. Así que con estas actitudes podemos darnos cuenta que irónicamente la lucha no solo era contra la espeluznante epidemia, también era necesario combatir contra la tremenda ignorancia de las personas.

Sala de enfermos en Lazareto

La peste bubónica trajo como consecuencia cambios muy significativos a la ciudad, bajo este contexto resurgió una comunidad con una nueva cultura de lucha, mas unida y con una nueva y más sana perspectiva de enfrentar a los problemas. En ese sentido es como se da la formación de la Junta de Caridad, que la integraban respetables miembros de la iniciativa privada y que se creo para proponer medidas y aplicar recursos monetarios para el combate de la epidemia. Esta Junta era integrada por los Señores: Alejandro Valdés Flaquer, José H. Rico, Carlos Voldquardsen, Roberto Henderson, Alejandro Loubet y Guzmán, Luis Canobbio, Bernardo Huthoff, Emilio Philippi, J.G. Claussen, Adolfo Storzel, Antonio Díaz de León, Andrés Avendaño, Baldomero Herrerías y los hermanos Alejandro y Carlos Melchers. Bajo el liderazgo de José H. Rico, los integrantes de esta junta informaban a la comunidad, que ante las circunstancias tan adversas por las que la ciudad estaba atravesando, su condición de buenos cristianos no les permitía permanecer impávidos frente al dolor que afectaba a muchas familias Mazatlecas.

La Junta de Caridad, propuso diversas medidas inmediatas, que vinieron a coadyuvar a las ya establecidas por el Consejo Municipal de Salubridad. Igualmente instituyo un fondo inicial de $15,000 pesos oro, al tiempo qué nombraba a la comisión encargada de allegar recursos para sufragar los fuertes gastos qué implicaban, los diferentes programas higiénicos qué se estaban estableciendo en la comunidad.

El siguiente paso de la Junta de Caridad, fue el emitir un llamado urgente de auxilio a todas aquellas instituciones, corporaciones y miembros de la sociedad civil del país y el extranjero, para que se sumaran a esta lucha sin cuartel en contra de la implacable epidemia.

Una bomba de desinfección

Este llamado de auxilio, registro una respuesta solidaria nunca antes vista, de todas partes de México y del extranjero se empezaron a recibir ayudas, los donativos provenían de muy diversas fuentes: Dependencias de Gobierno, Asociaciones de Beneficencia, Grupos de Comerciantes Alemanes, Franceses y Españoles, Ligas de Asistencia Católicas, Cofradías Masónicas. Era muy agradable constatar como todos al unísono se abocaban en el esfuerzo de rescatar de las garras de la pavorosa epidemia, al Puerto de Mazatlán.

La inclusión de la Junta de Caridad en la ofensiva contra la epidemia fue de mucho peso, para que los gobiernos a nivel Estatal y Federal se involucraran mas participativamente y bajo este contexto de abierta y decisiva colaboración es que se crea la Junta de Sanidad Federal, cuya responsabilidad principal seria la de canalizar y supervisar el correcto buen uso de toda clase de ayuda de origen federal en acciones y obras de saneamiento. Para lo cual se le había dotado de un fondo emergente de $20,000 pesos oro.

Esta sana conjunción de esfuerzos, empezó a dar frutos en forma inmediata; Mientras que la Junta de Caridad se concretaba a construir el Pabellón del Lazareto de Belvedere, la compra de desinfectantes, pago de salarios a médicos y auxiliares de sanidad, adaptación del Fuerte 31 de Marzo como centro de cuarentena, el levantamiento de las Barracas de aislamiento en la calle Porfirio Díaz – que hoy lleva por nombre Aquiles Serdan – y la construcción del grupo de edificios que se llegaron a conocer como las barracas del “Velódromo” y que se utilizarían para colocar en cuarentena a todo aquel viajante que quisiera entrar o salir de la ciudad.

Por su parte la Junta de Sanidad Federal, empezó con la regeneración y azolve del infame canal de desagüe, que como monumento a la inmundicia atravesaba a la ciudad, hasta desembocar en el Estero del Astillero. Así mismo se le responsabilizo con la coordinación de todas las acciones sanitarias, el emparejamiento de las calles, secado de charcas, lagunas y de ofrecer un servicio eficiente de recolección de basura.

Fin de la Peste Negra.