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Historia de Mazatlán

  1. Breve Historia de Mazatlán. Parte 1
  2. Breve Historia de Mazatlán. Parte 2
  3. Breve Historia de Mazatlán. Parte 3
  4. Breve Historia de Mazatlán. Parte IV
  5. El Agua Potable
  6. Escudo de Mazatlán
  7. Fragata Cordeliere
  8. Imagen de Mazatlán en 1931
  9. Invasión Americana
  10. La Electricidad
  11. La Peste Negra
  12. Orígenes de la Industria
  13. Presidentes Municipales

Antecedentes históricos

Los expertos urbanísticos coinciden que el lugar en el que se fundo la ciudad y puerto de Mazatlán, no era él mas apropiado. Por el contrario, los terrenos sobre los que originalmente se asentó la ciudad, carecían de las condiciones elementales que pudieran garantizar la supervivencia saludable a cualquier núcleo poblacional.

Con una superficie irregular, entre cerros y largas extensiones de esteros salobres cubiertos de manglares y erizos, saturada de lagunas hediondas llenas de insectos y alimañas, la ubicación de la ciudad dejaba mucho que desear.

Sin fuentes permanentes de suministro de agua y con una vegetación escasa, tal pareciera que de todos los lugares propicios para que se fundara una ciudad, Mazatlán era el sitio menos indicado.

Panoramica Pueblo Siqueros

No obstante, el descubrimiento de múltiples yacimientos mineros en la región Sur de Sinaloa y en la área serrana hacia el estado Durango, concretamente en las cercanías de las comunidades de Cósala, Concordia, Rosario, Panuco y Cópala, trajo consigo la imperiosa necesidad para los dueños de esos fundos mineros de contar con un lugar apropiado en el que pudieran embarcar su rica y copiosa producción de metales preciosos y que a la vez les permitiera el desembarcar toda clase de implementos que necesitaban para la optima operación de sus minas.

Este auge minero fue en gran parte el causante de que aun en contra de todas las condiciones adversas, señaladas en párrafos anteriores, el Puerto de Mazatlán surgiera y en muy poco tiempo se convirtiera en una prospera comunidad.

Sin embargo no podemos pasar de largo ni dejar de reconocer que otro de los factores que contribuyo para el engrandecimiento de la ciudad, fue el desmedido, impune e incontrolable contrabando de oro, plata y toda clase de mercaderías; en el que participaban activamente las principales casas comerciales, las que de esta forma esquivaban las altas cargas arancelarias que tenían que pagar y no esta por demás puntualizarlo amparadas en esta practica desleal, acumularon fortunas incalculables.

Tan significativa fue esta prosperidad, que a solo ocho años de que la apertura comercial del puerto fuera decretada por las Cortés Españolas de Cádiz; en el año 1828, el Comandante General, Don Juan Manuel Riego, Gobernador del Estado de Occidente, considero necesario e impostergable la instalación de la Aduana Marítima y el traslado al Puerto de Mazatlán, de todas las oficinas ubicadas en las poblaciones del Real de Rosario y Villa de San Sebastián (Hoy, Concordia); y entre las que se encontraban, el Juzgado de Distrito, el Tribunal de Circuito, la Jefatura de Hacienda, la Prefectura y la Administración de Correos y el Timbre.

Tanques Peña Hueca Siglo XIX

En el periodo comprendido entre los años 1822 al 1854, la ciudad de Mazatlán, atrae a infinidad de comerciantes y aventureros, la mayor parte de ellos provenientes de países europeos. Fue tan fuerte la inmigración que se dio, que las crónicas de esos tiempos señalan que era bastante común escuchar en las calles de la naciente población, lenguas de diferentes partes del Mundo y encontrarse deambulando por las angostas y serpenteantes calles, a individuos con costumbres y características étnicas diferentes.

En esa floreciente época, también era muy usual, el ver fondeados en la Bahía de San Felix o Puerto Viejo (hoy Playa Norte) navíos provenientes en su mayoría del Continente Europeo, Asia, y América del Norte; Ondeando con orgullo banderas Inglesas, Francesas, Italianas, Holandesas, Españolas, Estadounidenses y Ecuatorianas. Embarcaciones en las que se podía observar a la tripulación enfrascados incesantemente en arduas tareas de desembarque, de un amplio surtido de mercancías consignadas a las poderosas casas comerciales del Puerto. Todas esas complicadas labores de descarga se tenían que hacer con premura, para así disponer de suficiente espacio en sus bodegas para dar cabida a los bastos cargamentos de barras de oro y plata, que aguardaban impacientes en amplias carretas tiradas por inquietas mulas, en los alrededores de la dársena del muelle.

El poderío e influencia comercial de la ciudad de Mazatlán llego a ser de tal magnitud que en cuestión de pocos años, además de abastecer el creciente mercado local, se llega a controlar un amplio mercado regional que comprendía a los Estados de Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Durango, Zacatecas, Jalisco, Nayarit, Baja California y la Alta California. Influencia mercantil que pudo conservar hasta finales del Siglo XIX, época en el que con el advenimiento del ferrocarril, Mazatlán se vio desplazada por otros puertos y ciudades.

Al iniciar el año de 1855,el Puerto de Mazatlán, contaba con una población de 6773 habitantes de muy diversas nacionalidades, la cual iba en constante crecimiento. Su panorama urbano en apariencia correspondía al de una ciudad económicamente importante y prospera; contaba con varios edificios públicos de excelente tamaño y construcción, dos Boticas y 11 Casas Comerciales, dos Hospitales, una pequeña Iglesia en la cima de un pequeño cerro (hoy, conocido como Templo de San José), dos Escuelas de educación elemental, Dos plazas publicas (hoy Plaza Hidalgo y República) tres Teatros ( el “Principal”, ubicado en lo que hoy es la calle Belisario Domínguez, el de “el Recreo” en lo que hoy es la calle Constitución y el “Alegría” del que no se tienen datos precisos de su ubicación) Un mercado (bastante insalubre), Fincas construidas de ladrillo (muchas de ellas excesivamente lujosas y de excelente diseño Arquitectónico) y mas de 400 casuchas de palos y horcones que conformaban un gran numero de vecindades en los diferentes cuarteles y aunque parezca increíble una ausencia total de servicios públicos adecuados.

Esta situación de poco o nulo interés para proporcionarle a los habitantes mejores condiciones de vida, se prolongo hasta finales del Siglo Decimonono; Algunos historiadores atribuyen que esta falta de interés estuvo sustentada en el hecho de que en todo ese tiempo la población no constituyo un problema social, tal pareciera que había bastante desunión entre sus integrantes y daban a entender con su pasiva actitud, que se sentían satisfechos de tener que vivir una vida carente de sanidad.

Indudablemente, otra circunstancia que también vino a contribuir para que este fenómeno se diera, fue que la mayoría de los inmigrantes que arribaban a la ciudad, lo hacían atraídos por la conquista de la fortuna, situación que los llevaba a pensar que su estancia en la ciudad seria pasajera y que por consiguiente cuando el tiempo de emigrar llegara, ya habría tiempo y contarían con el dinero suficiente para encontrar mejores lugares en donde vivir. En consecuencia todas estas actitudes, esa falta de sentimiento de arraigo, solo trajeron que la introducción de los servicios públicos se fuera irresponsablemente aplazando.

Como era el servicio de agua potable en la Ciudad durante el siglo XIX