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Historia de Mazatlán

  1. Breve Historia de Mazatlán. Parte 1
  2. Breve Historia de Mazatlán. Parte 2
  3. Breve Historia de Mazatlán. Parte 3
  4. Breve Historia de Mazatlán. Parte IV
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Camiones Tropicales

Los camiones abiertos a los que la sabía y ocurrente picardía popular, los bautizo con el nombre de ” Camiones Tropicales”, fueron el tipo más común de transporte terrestre de pasajeros en las comunidades rurales de Sinaloa y México. Estos majestuosos gladiadores de los caminos briosamente cual caballos percherones se abrían paso a través de intrincadas y muchas veces casi intransitables veredas y senderos.

Estos peculiares transportes generalmente estaban provistos de estructuras de madera montadas sobre el chasis de robustos camiones y sobre los cuales se colocaban sólidas bancas de madera que permitían a los usuarios viajar cómodamente sentados; tenían sus costados abiertos y protegidos de las inclemencias del tiempo por unas gruesas cortinas de lona que proporcionaban una ingeniosa protección contra el polvo, la lluvia del camino y el rabioso y agobiante sol tropical.
Camión “Tropical” esperando por pasaje en la comunidad rural de Veranos.

En las ocasiones que el tiempo se los permitía, que por lo generalmente era así, las cortinas se levantaban para dejar pasar a una agradable y suave brisa que ayudaba a refrescar a los usuarios y les permitía tener un agradable viaje.

La parte superior del techo y el área posterior del camión se utilizaba para estibar el singular equipaje de los usuarios. Era y sigue siendo común observar en las pocas unidades que aun circulan, gran cantidad de costales, jabas y cartones, conteniendo diversos productos del campo, los cuales comparten el mismo espacio con jaulas de gallinas, guajolotes, pericos y uno que otro gordo y ruidoso cerdito.
A partir del año 1956, este tipo de camiones vino a desplazar a los camiones “Tropicales”.

Estos transportes diariamente hacían un recorrido por los pueblos y diversas comunidades rurales, tenían sus rutas establecidas y ante la escasez de otros medios de transporte se convertían en el medio principal para que estos poblados mantuvieran un lazo de conexión con la cabecera Municipal. En pocas palabras era el cordón umbilical, la única liga y casi el único nexo de los habitantes de estas rancherías con las “adelantadas” ciudades de la región.

Por medio de estos originales transportes los pobladores de estas comunidades se trasladaban a la ciudad de Mazatlán, con la intención de conseguir toda clase de insumos y mercaderías. La importancia de estos transportes era tal que su operación mantenía comunicados a los pobladores de las comunidades rurales y les proporcionaba la facilidad de acezar a servicios que carecían en sus lugares de origen.

La llegada del camión “tropical” a los poblados y rancherías era un gran acontecimiento, los niños salían al paso y con gran algarabía seguían al transporte hasta que sus llantas dejaban de rodar, la mayor parte de las veces a un costado de la Iglesia o Plazuela del poblado. Algunos de los usuarios aun quitándose un poco del mucho polvo acumulado en la travesía descendían y entre abrazos y sonrisas se unían al ruidoso festejo.

Después de una breve estancia en la que nuevos pasajeros con sus extraños y peculiares equipajes abordaban el transporte con la intención de proseguir el viaje, el camión tropical partía haciendo sonar sus estrepitosas cornetas de aire que podían ser escuchadas hasta el rincón mas alejado del pueblo.

Los viajes que realizaban estos camiones no eran nada fáciles, el estado de los caminos dejaba mucho que desear y en temporada de lluvias transitar en ellos se convertía en una verdadera odisea. El atravesar los ríos atemorizaba al mas osado y las crecidas de los ríos y riachuelos prácticamente hacían desaparecer a los frágiles vados; pero aun así venciendo adversidades y contratiempos, los indomables “Tropicales” tenían que cumplir con su interinario.

El ser chofer de uno de estos transportes, significaba temple de carácter y responsabilidad, además debía contar amplios conocimientos de mecánica, ya que en caso de avería, el tenia que hacer las reparaciones necesarias que le permitieran proseguir el viaje. No obstante, a pesar de los riesgos y lo arduo del trabajo, ser chofer de una de estas unidades era un puesto muy peleado ya que en cierto sentido, el serlo convertía a las personas en gente de respeto. Usualmente los choferes eran personas nacidas en los mismos poblados, lo que era bastante lógico ya que ellos conocían a la perfección todos los caminos o brechas para efectuar los nada fáciles recorridos.

No podemos dejar de mencionar que en todos estos transportes no podía faltar en la parte superior del asiento del chofer la imagen de la Guadalupana y mención especial merece el señalar que por lo común todos estos camiones tenían nombres que los distinguían, El As de la Sierra, El Siete Copas, la Barca de Oro, El Dos de bastos, La Amapola, El Amoroso, El Copa de Oro, El Siete Leguas y El Gavilancillo o Gavilán Pollero son solo algunos de los ocurrentes nombres que se les asignaban.

Estos transportes en sus principios no tenían una terminal predeterminada, en la ciudad de Mazatlán, por lo general acostumbraban descender al pasaje lo mas cerca del Mercado Municipal y por mucho tiempo las unidades se estacionaron en la calle Zaragoza entre el espacio delimitado por las calles B. Juárez y Aquiles Serdan y tiempo posterior lo hicieron al norte de la calle Aquiles Serdan, en los costados de lo que en un tiempo fue el Cine al aire libre “Tropical”, lugar en donde en la actualidad existe un pequeño mercado dedicado a la venta de flores.
En el Mazatlán del final de los años 20’s surgen estos transportes de pasajeros urbanos modelo FORD, con asientos laterales y ventanas abiertas.

Fueron varias las personas que se dedicaron a esta actividad comercial pero en un principio los principales permisionarios fueron los Sres. Benigno “el chato” Osuna y Carlos Gama Olmos. Aunque se tienen registros que una de las primeras corridas en estos “sui generis” camiones fueron las que proporcionaba el Sr. Tereso Arambulo a la comunidad de la Noria.

La idea original para el diseño de este tipo de transportes se tomo del diseño que tuvieron los primeros transportes urbanos de la ciudad de Mazatlán, los cuales básicamente contaban con las mismas características y que consistían en construir sobre el eje trasero de camiones Ford, Chevrolet o Diamond T, una tarima a la que se le adaptaban asientos laterales, barandal grueso y un techo ligero de triplay madera forrado.

Fueron diferentes los tipos de camiones que se usaron para esta modalidad de transporte. Los permisionarios buscaban que fueran fuertes, resistentes y sobre todo que garantizaran durabilidad y adaptabilidad a todo tipo de terreno. Muchas fueron las marcas, pero sin duda las más populares fueron la DIAMOND T, FORD y CHEVROLET. Todos estos camiones supieron acoplarse para este tipo especial de uso rudo; aunque cabria decir que los que tenían mas preferencias eran el FORD y el DIAMOND T. Tan grande fue la demanda por estas marcas de camiones que llegó a existir una planta ensambladora en la ciudad de Mazatlán para los Diamond T, bajo la supervisión de la firma Víctor Patrón, S.A. la cual al paso de los años llegaría a ser la planta ensambladora de camiones WHITE, la que con el tiempo cerraría sus puertas por causa de las violentas devaluaciones del peso en los años 70.

Al igual los distribuidores Chevrolet y Diamond T, la agencia Ford de esos tiempos contaba con grandes y bien montados talleres, aunque esta compañía en sus instalaciones anexas construía y adaptaba plataformas, bancas y techos para este singular transporte.

Atravesando uno de los muchos ríos en sus frecuentes viajes a los poblados rurales cercanos. La idea de utilizar este diseño de transporte, provino de los diseños de los antiguos camiones “Tropicales”.